El ruido, el mal que agobia a los habitantes de las ciudades y pueblos en la actualidad.

Sí, es verdad que a todos nos gusta el progreso, tener cada vez más y mejores carreteras para llegar más rápido a donde deseamos ir, que llegue la luz hasta nuestros hogares, tener a mano una estación de ferrocarril o de tren. Todos nos vemos beneficiados, pero en la otra cara de la moneda están los que tienen sus casas en las márgenes de las vías rápidas, las líneas de tren o de una subestación eléctrica. Ellos deben soportar el ruido del paso constante de los coches, del frenado de los trenes o de la operación de la subestación.

Revisando la prensa es posible encontrar noticias relacionadas con el malestar que sienten los afectados por el ruido, las buenas, son las que plasman las iniciativas orientadas a mejorar la situación, a disminuir los niveles de la contaminación acústica, las de alerta son las de los reclamos de las comunidades ante las autoridades y encargados de la materia, por no haber encontrado aún una solución satisfactoria.

Pero la enemistad entre progreso y tranquilidad, entre promotores del desarrollo y vecinos tiene buenas razones para terminar. La respuesta son las pantallas acústicas. Un ejemplo de ello, son las noticias de localidades que luego de reuniones entre alcaldes, Fomento y vecinos han llegado a acuerdos para instalar pantallas acústicas en los márgenes de las autovías. Estas pantallas que consisten en muros de altura considerable, están fabricadas con materiales que permiten la disipación del sonido evitando sus efectos nocivos y mejorando la calidad de vida de los residentes.  Arturo, fontanero de la empresa de localización de arquetas, expresó su satisfacción con el inicio del proyecto en la autovía de Toledo a la altura del barrio de la Alhóndiga, donde reside.

Otro motivo de discordia ocurre entre los propietarios de las terrazas en las ciudades y localidades turísticas y los habitantes de los edificios del entorno.  No hay como disfrutar de un buen rato sentado en una terraza, aprovechando el buen tiempo tomando una bebida refrescante y alguna tapa mientras se conversa con los amigos, divertirse con el buen ambiente lleno de  turistas  e inclusive conocer a algunos de ellos, pero los que resienten estos momentos de esparcimiento son los vecinos de los edificios, llegándose incluso a conocer de episodios de agresión de los residentes hacia los asiduos a las terrazas.

La solución a esta controversia no  puede encontrarse en matar a la gallina de los huevos de oro, son muchos las ciudades y los pueblos que viven del turismo y para muchos otros al menos es uno de los motores que la mueve.

La ingeniería ha encontrado una solución para mediar en el conflicto y ha venido de la mano de una mujer, la ingeniera Inés Aragüez, que como trabajo final de su grado en ingeniería acústica, diseñó un prototipo que permite disminuir el ruido ocasionado por el funcionamiento de las terrazas, mediante la colocación de una barrera entre ellas y los vecinos.

Esta barrera que plantea esté elaborada en materiales livianos y similares a los utilizados para la fabricación de las pantallas acústicas, tendrá dos funciones: absorber parte de las ondas sonoras y difractar el resto. El resultado será la armonía y convivencia entre dos actividades necesarias, el disfrute y el descanso.

Este sistema tiene además las ventajas siguientes:

  • Es plegable, por lo que no afectará la seguridad de las viviendas de las primeras plantas
  • Es resistente al fuego, actuando además como aislante en caso de incendio del local evitando que las llamas alcancen a las viviendas.
  • Es personalizable al gusto del cliente
  • Es una barrera térmica, disminuye el calor en el verano y el frio en el invierno.

Próximamente el prototipo será estrenado en Málaga, la ciudad de origen de la creadora y habrá que ver los resultados del piloto, pero si todo va bien será una idea que con gusto acogerán los restauradores y las comunidades.

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